La Culpa: verdadera maldición generacional

Romanos 5-6

Nada queda fuera de ser alcanzado por el poder de la sangre de Cristo.

Desde que crees en Cristo eres libre, pero no lo sabes y sigues esclavo del pensamiento de culpa.

No querer soltar al señor el bulto que llevó en la espalda, uso oraciones como: «Gracias por cargarme a mi, este bulto es mi carga y no quiero molestarte»…

Una relación distante con un Dios que siento que NO MEREZCO, me hace cada día más culpable.

Muchas víctimas de violencia también asumen una posición de culpa, creyendo que «permitieron» O «merecían» lo horrible que pasó… La maldad de otro no es tu culpa, de haber estado en tu poder consciente jamás hubieras aceptado el daño, el mal usa muchas formas para aprovecharse de tu inocencia, de tu falta de fuerza O el descuido de un protector… El mal es feroz que hace sentir mal al inocente y victorioso al culpable… Pero el mal nunca triunfa al final.

Aceptar el perdón de Dios sobre una situación, es el principio de una gran liberación.

Ese pecado por el que te sientes culpable, ya Cristo lo limpió y perdonó cuando aceptaste a Cristo en tu corazón. El tema es soltar esa carga, entregarla. Perdonando y perdonándote, permitiendo que te perdonen. Suelta y descansa en Dios!

Restaura si está en tú poder, si has hherido O hecho daño.

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